-Tras encender la consola, se quedo inmóvil, mirando la pantalla con los ojos desenfocados, en aquel pequeño cubículo que hacia las veces de hogar, en la nave colonia. Ni oía, ni miraba, simplemente permanecía allí, de pie, con una botella colgándole de la mano derecha. Un monigote con mirada perdida entre la oscuridad del cuartucho y las danzantes luces que saltaban de la pantalla para recorrer su cuerpo mugriento y sucio.
Esa fue la ultima imagen que recuerdo de mi padre, un fracasado que no supo adaptarse a la nueva sociedad, al nuevo orden, ni al hecho de estar encerrado en la botella a la deriva en la que el ser humano estaba ahora encerrado, tras el gran éxodo.
En la pantalla, se veían imágenes de gente esperanzada, y solo se oían buenas y bonitas palabras.
-Con esta unión, el ser humano y los Sombres se convierten en los dueños del universo conocido…
Tras cada gesto, palabra o nueva promesa, mi padre contestaba con un forzado movimiento de brazo y un gran buche.
Antes de que terminara la ceremonia, apago la consola y arrastro sus pies hacia el lavabo, no tubo ni la delicadeza de cerrar la puerta. Tras unos segundos de silencio tenso, una explosión nublo mis sentidos…. Y no recuerdo más…. Pero esos segundos marcaron mi vida. Tras años deambulando de estancia medica a estancia medica, de hablar con millones de sanitario, psicólogos e infinidad de agentes sociales. Me propuse dejar de ser un monigote balanceándose al ritmo que le marcaban, decidí escaparme y empezar de nuevo.
Cambié de nombre, de aspecto y elimine todo lo que pudiera recordar al niño frágil que fui. Trabaje muy duro, normalmente al margen de la ley (es increíble que tras esa fachada de sociedad perfecta, se escondan tantos trapicheos), aprendí a buscarme la vida, a defenderme, a valorar a la humanidad con todos su defectos. Lee el resto de esta entrada »


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