Telepieza es un mezcla de ayuda, información, opinión, ocio, negocio y diversión, esperamos que todos vosotros os sintaís en vuestra casa.

Archivo de la Categoría La Ginebrosa

  La guerra lo pervierte todo, lo deforma y da alas a unas mariposas y se las corta a otras.  

 Los relatos acontecen en el bajo Aragón, entre el 1935 y 1950, en las poblaciones de Calanda y La Ginebrosa (Teruel).

   La guerra lo ensucia todo, cuando revisamos pequeñas historias entre y alrededor de una gran guerra observamos el poder de distorsión de los actos y las voluntades, que causan la sin razón y el genocidio.

   Lorenzo Feliz y su esposa Joaquina Bondia, naturales de Calanda.

   En el año 1935 la familia Feliz Bondia esta formada por Lorenzo su esposa Joaquina y dos vástagos, hembra y varón. Lorenzo es un hortelano que se gana la vida sacando el provecho de su trabajo en campos y propiedades de otros. Lorenzo es pobre pero en estos tiempos esta condición la comparte con la mayoría de vecinos de Calanda, por un lado grandes terratenientes dueños de la tierra y el resto de vecinos a duras penas pasan con los frutos de su esfuerzo.

   Lorenzo Feliz consigue sacar sus hijos adelante, se va al campo cada día y consigue el fruto de trabajo en el tiempo de la cosecha, en estos lares el tiempo es el juez imparcial que dicta sentencia cada año, frío o muy frío en invierno, caluroso o muy caluroso en verano, sin olvidarse de poner una vela al santo que le toque para que una pedregada no lo eche todo a perder.

   Lorenzo tiene familia cercana y lejana y entre ella se encuentra el que se hará con la herencia de los campo en los que trabaja. Después de hablar mucho el cacique esta de acuerdo en dejarle sacar la cosecha y hacer uso de los campos una vez recogido el fruto.

   La familia Feliz Buendía esperaba el fin de la cosecha pues eran sus únicos ingresos, y para ello Lorenzo decidió ir a trabajar, pero este día no era un buen día ni era un día feliz, ese día Lorenzo recibió un tiro en el pecho que acabo con su vida y con la felicidad de su familia. Hasta aquí un episodio de la España negra, familia, tierras y tiros para sentar sentencias.

   En tiempos de Republica también hay justicia, se celebra un juicio y el cacique va a la cárcel. Esta historia debería de haber acabado en este punto con una cárcel larguísima para el asesino, pero son tiempos de guerra y la amnistía saca los presos a la calle, el asesino culpable se ve suelto por el error mayúsculo que supone una guerra.

   El asesino se hace de la falange y se convierte en un vencedor, en un héroe y un cacique que se hará mas rico y poderoso y con el tiempo hasta demócrata confeso, “y es que la guerra lo ensucia todo”. De asesino a héroe, y de hortelano a un montón de huesos sin sepultura, si, por que el infeliz de Lorenzo Feliz murió donde no sabe nadie y sus huesos todavía no han sido localizados.

En Calanda hay una hermosa lapida de mármol con su inscripción para el asesino de Lorenzo Feliz y unos descendientes que buscaron en vano los huesos de su marido, padre y abuelo para un recuerdo.

   En Calanda durante 40 años Joaquina Buendía llamo asesino al cacique cada vez que se cruzaba con el en la calle, ella no variaba su camino ni él le dedicaba una mirada la ignoraba, como quería hacer con su pasado, borrar su pasado de asesino, de cacique y de falangista, consiguió ser un empresario de éxito, y la sociedad le perdono todo.

   Fina ironía del destino, los días de la familia Feliz Buendía, ni buenos ni felices, durante 40 años, tuvieron que callar y esconderse frente al asesino y falangista que asesino a su padre y marido. 

   Hace unos años una cabra de monte se paseo por las calles de Calanda hasta que fue a parar a la iglesia, más de un vecino se asusto por que creyó ver en esto la encarnación de lucifer que venia a por los suyos, hoy con más luz y fe veo en este paseo cabruno el tributo a Lorenzo Feliz frente al olvido de sus vecinos. La cabra entro por la calle mayor y salió por donde vino después de merodear por la iglesia, no sabemos si rezó o ni siquiera si lo intento, pero estamos seguro que estaba tras el alma en pena de Lorenzo Feliz y clamaba al cielo para que tuviera una lapida de mármol con su inscripción y estela, “Lorenzo Feliz, buen esposo, buen padre y mejor persona”.

jose-mir.jpg

Es septiembre, ya en la vuelta de las vacaciones, pero en vacaciones ni las catastrofes ni los temas pendientes de siempre hacen pausa, están presentes como los mosquitos la sequía y el calor de justicia. En julio había recomendaciones para no llevarse el portátil junto con el bañador y las pantuflas, y como hago siempre, seguí el consejo al pie de la letra, me deje el bañador y las pantuflas porque al poner el portátil en la maleta ya no cabía nada más.

Seguro que hay gente que no tiene memoria, y otros muchos que no quieren tenerla, y también es verdad que hay quien piensa que mejor no remover el pasado. Pero también es verdad que todos los muertos son iguales, e iguales sus descendientes y sus derechos de los unos de estar identificados en su sepultura, como de los descendientes de tener un punto donde dejar flores cuando el recuerdo se ahogue y quieran reconciliarse con sus abuelos.   No entiendo que hay quien defienda en entierro digno y al mismo tiempo el olvido y la cuneta para los otros los distintos, ya sean rojos, republicanos o ateos.

Tres Cantos donde vivo y trabajo, es ciudad joven sin pasado, con más de la mitad de la población sin recuerdos más allá de las primeras votaciones democráticas, pero como yo también hay personas que ni el alzeimer ni la demencia senil consiguen borrar la huella del tiempo.

No escojo ir de vacaciones a la Ginebrosa, mi mujer es de este pueblo y cada año como hacen las cigüeñas tomamos el vuelo hacia el bajo Aragón.

Tampoco escojo de antemano llegar el día 16 de Agosto de 2008, día en el que un grupo de vecinos de La Ginebrosa, Aguaviva y pueblos de alrededor van al cementerio de Monroyo a poner un lapida encima de la fosa común donde con toda seguridad hay los cuerpos de al menos cuatro desaparecidos en tiempos de la posguerra.

Lee el resto de esta entrada »

¿Dónde y que Compraba L’Agustina?                     

L’Agustina no necesita ir a la tienda, lo tiene todo a mano, en la huerta, en el campillo, en la despensa, en los animales que cría en casa, o en corral de las moradas.

  Cuatro años estuvo conviviendo con un burro y una cerda en la primera planta de la casa, ellos vivían en la primera planta, y sobre ellos, un cobertizo para las gallinas y los conejos. Al hacer su primera hija trasladan los animales a la casa de abajo y a los corrales,

  L’Agustina tiene el recuerdo de la tienda del pueblo cuando tenia 10 o doce años, de ir al pueblo y entrar en la(s) tienda(s), y no haber alimentos que comprar, la tiendas se parecían más a las ferreterías modernas que a las tiendas de alimentación, eran sosas y aburridas no tenia cosas de interés.

  L’Agustina en cambio le gusta ir a comprar el pan, ir al horno cada día y traerse el pan tierno a casa, le relaja de tiempos más duros en los que amasaba kilos y kilos de harina.

Lee el resto de esta entrada »

  ¿Qué le hecha L’Agustina al guiso?

  Para saber de los guisos de L’Agustina y saborear sus aromas, haremos un viaje en el tiempo, ella tiene entre 10 y doce años, vive con su abuela y sus primos en la huerta. El pueblo en aquellos tiempos tenía más o menos las mismas casas que hoy, pero no tenían agua corriente ni luz y no sabían que era el gas. La mayoría de las casas tenían agua de pozo propio, aunque en la mayoría de los casos no era potable y les faltaba de todo lo demás.

  En la huerta la familia de L’Agustina tenia algunos pollos, conejos, cabras, y plantaban cereales, sobre todo trigo, cebada y legumbres. A ella no le faltó la leche que le ordeñaba a las cabras.

  En los primeros tiempos de la huerta su familia no tenía horno en el masico, y eran frecuentes los viajes andando al pueblo de Mas de las Matas, portando huevos y quesos de leche de cabra para venderlos, así mismo cambiaban harina por pan en el horno del Mas de las Matas.

  Con el tiempo la abuela de L’Agustina hizo construir un horno en el “mas” de la huerta, y los primeros olores de L’Agustina tienen que ver con el pan recién hecho que salía del horno de la huerta.

  Las gallinas los conejos y las cabras no eran ingredientes en la comida diaria, los pocos animales que tenían se criaban sobre todo para venderlos o para extraer leche y huevos que también se vendían, los guisos de la huerta sobre todo eran legumbres, judías blancas o pintas que se enriquecían con patatas y algún trozo de matanza rancia de le despensa.

  En la huerta no se plantaban muchas verduras, a lo más algún broquil que alguna abuela insistía en la cancioncilla que eran comestibles, no se plantaban tomates ni cebollas ni mucho menos lechugas, en la mesa normalmente no había ni verduras ni ensaladas. Con el tiempo plantaron judías verdes y aprendieron a secarlas para el invierno, una vez secas las ensartaban en una cuerda a modo de rosario que colgaban del techo.

  En la huerta había frutales, pero en las lindes de los campos, no campos plantados de manzanos, cerezos, y o melocotoneros, la fiebre del melocotón vino un poco más tarde, un familiar cercano, plantó melocotoneros y aprendieron a embolsar sus frutos que luego terminaban vendiendo en Calanda. Si bien es cierto que los orejones de La Ginebrosa ya eran famosos en los primeros años del siglo XIX.

Lee el resto de esta entrada »

 Si desea contactar con telepieza, puede enviar un e-mail a: telepieza@telepieza.com.
Normas de uso y Politica de privacidad .Telepieza empezó el 20/12/2007 a las 18h (Hora Española).
 Ayude a financiar Telepieza en Internet, picando un anuncio de su interes en nuestro Weblog.