La Luna, la madre, la hermana, la esposa, la compañera, en el hombre el lado femenino, en la mujer la posibilidad de ser madre, la infancia, la lactancia, soñar despierto.

  En la dicotomía clásica espíritu-cuerpo, la Luna es el cuerpo, la materia, la tierra,  lo que nos liga al pasado, el peso que nos ata a la tierra, la lactancia que nos une con la “madre”, el metabolismo y su necesidad de extraer nutrientes del medio que le envuelve.

  El nacimiento como trauma, la venida a la vida tras el corte del cordón umbilical, la falsa liberación de la madre, por que el hombre no deja de estar atado a múltiples cordones, la vida como una trenza de lazos, (afectivos, psíquicos y/o emocionales, de parentesco, y/o  roles sociales). 

  La Luna es el astro más rápido en el cielo astrológico, da una órbita cada 28 días, con ella el cambio, y la necesidad de cambiar. Repetición constante de  amanecer de un nuevo día, y la caída de  la  noche. La Luna nos hace presos de la necesidad del sueño, y la necesidad del alimento diario.

  La Luna es la costumbre, lo cotidiano, lo repetitivo, levantarse cada día, comer cada día, dormir cada día, el sueño reparador de cada día.


  Lo humano frente a lo divino, la creación frente a lo creado, mientras que el Papa de Roma hace misa el “hombre” esta en el lavabo, o esta vomitando, o borracho, trabajando, leyendo, durmiendo, amando, conduciendo un coche, viajando en avión, la condición  humana y cotidiana llena el orbe, lo divino se oculta, se refleja, a de ser interpretado, la Humanidad a la espera del Hijo (la Luna) como mito de eterno retorno, la Luna se reinventa a si misma y se postula como salvadora.

  Somos un 65% de agua (el cerebro hasta un 90%), un 65% de lastre lunar, un océano que interactúa con la luna, cambios y mareas, cambio de estados de ánimo, cambios en las formas, cambios en la luz, La llamada de la Luna y su fuerza preña de biodiversidad la faz de la tierra.

  La Luna no tiene luz propia, refleja los rayos del Sol, parte de esa radiación nos llegan después de chocar con ella. Durante el día el Sol nos hace partícipe del presente, participamos del “ser” y la realidad nos embriaga. La noche es el recuerdo, el relato, el contar historias en torno al fuego, el individuo dramatiza sus vivencias, las reinventa, las pasa por el sedazo de los sentimientos.


  La luz de Luna a su vez reflejada en un charco, caemos en la melancolía, en el recuerdo, la necesidad de reinventarnos a nosotros mismos, ensoñamos, despiertos pero caemos en la necesidad de ser héroes, de ser villanos, de no ser nadie, el “yo” se ha dormido, las musas toman el trono, el proceso creativo comienza.

El niño la Luna, el hombre adulto el Sol, la Humanidad la Luna, la voluntad de tejerse el destino el Sol.

El hombre el Sol, la mujer la Luna. La voluntad el Sol, los instintos la Luna.

Las derechas el Sol, las izquierdas la Luna, el poder el Sol, el pueblo la Luna.

El día el Sol, la noche la Luna. El ojo derecho el Sol , el ojo izquierdo la luna, la vista al frente el Sol, la vista atrás la Luna.

Lo dorado y brillante el Sol, lo blanco y pálido la Luna, Escoger el papel (personaje) el Sol, dramatizar y novelar la Luna.

El centro el Sol, lo circular y redondo la Luna. El nombre la Luna, el apellido el Sol.

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