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Es septiembre, ya en la vuelta de las vacaciones, pero en vacaciones ni las catastrofes ni los temas pendientes de siempre hacen pausa, están presentes como los mosquitos la sequía y el calor de justicia. En julio había recomendaciones para no llevarse el portátil junto con el bañador y las pantuflas, y como hago siempre, seguí el consejo al pie de la letra, me deje el bañador y las pantuflas porque al poner el portátil en la maleta ya no cabía nada más.

Seguro que hay gente que no tiene memoria, y otros muchos que no quieren tenerla, y también es verdad que hay quien piensa que mejor no remover el pasado. Pero también es verdad que todos los muertos son iguales, e iguales sus descendientes y sus derechos de los unos de estar identificados en su sepultura, como de los descendientes de tener un punto donde dejar flores cuando el recuerdo se ahogue y quieran reconciliarse con sus abuelos.   No entiendo que hay quien defienda en entierro digno y al mismo tiempo el olvido y la cuneta para los otros los distintos, ya sean rojos, republicanos o ateos.

Tres Cantos donde vivo y trabajo, es ciudad joven sin pasado, con más de la mitad de la población sin recuerdos más allá de las primeras votaciones democráticas, pero como yo también hay personas que ni el alzeimer ni la demencia senil consiguen borrar la huella del tiempo.

No escojo ir de vacaciones a la Ginebrosa, mi mujer es de este pueblo y cada año como hacen las cigüeñas tomamos el vuelo hacia el bajo Aragón.

Tampoco escojo de antemano llegar el día 16 de Agosto de 2008, día en el que un grupo de vecinos de La Ginebrosa, Aguaviva y pueblos de alrededor van al cementerio de Monroyo a poner un lapida encima de la fosa común donde con toda seguridad hay los cuerpos de al menos cuatro desaparecidos en tiempos de la posguerra.

Antes de volver a Tres Cantos he visto la lapida, pero “no” en el cementerio que es donde debería estar, esta en la cuadra garaje de la familia de de José Mir, por que el alcalde de Monroyo (del PP) no quiso abrir la puerta del cementerio. Seguro que algo de razón tiene el alcalde y los papeles de la diputación de Teruel o no llegaron o llegaron tarde, pero más importante que los papeles son los muertos sin nombre y las familias sin muertos que se pasaron como alma en pena por el cementerio de Monroyo el día 16 de Agosto de 2008.

¿Porque la familia de José Mir no puede poner una lapida-monolito en el cementerio? ¿Qué hay de revanchismo o confrontación en ello?.

¿Cuál es la actitud que lleva a la contratación la del alcalde de Monroyo que por sus “tacones” no abrió la puerta del cementerio, o los que pacíficamente se presentaron el 15 de Agosto en el cementerio para dar nombre al olvido?

Todos los muertos tienen lapida en Monroyo, no así los restos de los restos de los diferentes. Son solo huesos, huesos sin nombre, huesos usados como imagen de que viene el coco, las nuevas banderas de los piratas del siglo XXI, están confeccionadas con los huesos de los sin nombre, de los sin tumba, de los sin lapida.

He vuelto de vacaciones, ya es 7 de Septiembre, y hoy los periódicos se hacen eco de las palabras de Zapatero contra la injusticia que supone no querer recordar el nombre de los que no lo tienen. Para mi ya esta bien lo dicho por Zapatero, pero como yo hay mucha gente que no necesita levantarse un Domingo por la mañana y que las portadas de los periódicos pongan estos temas en la agenda de un domingo sin noticias.

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