No hacer nada nunca es la solución a ningún problema, y menos con “la madre de todas las crisis” instalada en la economía nacional/internacional, de la misma manera que cuando te cambian los antibióticos si la enfermedad avanza o no hay mejora a los pocos días de iniciar el tratamiento, también en la función publica hay que conjurar los malos espíritus cambiando caras, políticas y formas de informar.

    La crisis hace malos a los buenos (que haberlos haylos), y cuando los índices cambien de signo y  se inviertan las tornas, se harán buenos a los malos (que también haylos).

    Las recientes leyes aprobadas, la multitud de medidas anticrisis, y los dineros comprometidos en todo ello deben de fluir. El impulso tiene que surgir desde lo político, para que los tecnócratas que habitan los ministerios se pongan a trabajar y pongan mano a la “obra”.

    Prefiero políticos con ideas claras, a tecnócratas con el sano juicio atrofiado de no usarlo, el dinero siempre es miedoso, y convierte en conservadoras a las personas que controlan el presupuesto/s, es tiempo de “navegar encima de la ola”  de tener el coraje necesario para anticipar las medidas y el gasto (publico).

    En la última charla que he asistido como oyente, el tecnócrata de turno, se enmarañaba entre “hacer lo correcto” o “hacerlo correctamente”, y seguro que él vislumbraba grandes diferencias y que incluso entre los suyos se pasaban días enteros debatiendo sobre el sofisma. Pero no son tiempos sofismas, es tiempo de acción y poner a las personas a trabajar.

    Hay margen para la acción política, hay margen para el gasto y el endeudamiento publico, y tenemos que conjurarnos ante las próximas elecciones al Parlamento Europeo para que las políticas sociales no retrocedan ante la crisis, hay que seguir explicando y repetir mil veces que el origen de todo este lío son las políticas económicas neoliberales sin control auspiciadas desde los gobiernos de derechas, no estamos ante una crisis social promovida por sindicatos habidos de reivindicaciones para contentar a sus afiliados.

      La crisis vota, los ciudadanos se inhiben de sus responsabilidades cívicas cuando sus representados no están a la alturas de lo que se espera de ellos, pero todos nos jugamos mucho en cada votación, y cada vez nos jugamos más en las elecciones europeas, las directrices del Parlamento Europeo impregnan todas las normas y leyes que se aprueban en cada país miembro.

      Bien venido sea el impulso político que se adivina en las intenciones que han llevado al cambio de ministros.

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